Al llegar a la gallera “El cóndor”, del
señor Leonel “Ladrillo” en Pueblo Nuevo, Trujillo Valle, le expresamos la
necesidad de un gallo de pelea para protagonizar la película.
Amablemente y
entusiasmado con la idea, nos ofreció su gallo padrón ya retirado de los ruedos
para inmortalizarlo en la pantalla. Pero en esos momentos nuestros ojos se
desviaron hacia un discreto gallo colorado de cresta y ojos inquietos que
permanecía encerrado en una de las jaulas al lado de más de treinta ejemplares
de lidia.
Este nunca había peleado por su inmediata juventud, pero ya estaba en
lista de espera para corte de cresta y "peluquiada". Su debut en el ruedo y el
destino incierto de punzones y “espuelazos” estaba a escasas horas. Nos decidimos
por él, no sólo para ponerlo frente a la
cámara sino frente a nuestros corazones.
Pero luego de escuchar la voz de “Acción!” por más de una semana, “Pancrasio”
empezó a tomar una extraña actitud frente a la cámara: soltaba un canto inmediato como si supiera que ésa era su
línea, como si quisiera robarse el foco de atención y ser el único protagonista
de la escena.
En las secuencias fogosas de pelea, donde tuvimos todo el cuidado y
precaución tanto con él como con sus adversarios, nos sorprendió con una movida
increíble de “Pescuezo”, una especie de quiebre jabonoso con el que evadía los
ataques de sus contendores y se escabullía con asombrosa destreza.
Los entendidos en el mundo del ruedo y los emplumados, nos aseguraron
estar en presencia de un gallo ganador y nos invitaron a jugarlo y apostarlo de
verdad en algunas de las galleras.
Pero “Pancrasio” no nació para pelear más que en la ficción. Para encarnar un personaje y llenarnos de emoción. De usar un
poncho como buen paisa y andar feliz y campante en el asiento delantero del Willis de
Cañengo, listo para vivir la aventura del camino de la vida.
Hoy, después de finalizar el rodaje y guardar la claqueta de “Gallo de
pelea”, se relaja en su nuevo terreno donde es el dueño y señor, en el patio de
su amorosa mamá Bonny, nuestra fantástica maquilladora, rodeado de atenciones y
todo el cariño. Claro, como todos, en espera de la post
producción de la película y del estreno, pactado para este noviembre en las
fiestas de Trujillo Valle, su ciudad natal.
“Pancrasio” está feliz comiendo a
la carta como "un pachá", listo para
seguir actuando y cantándole al amanecer, mientras el gallinero alborotado, sus admiradores y fans piden
posar junto a él, para llevarse un recuerdo del primer gallo protagonista de
una película, no sólo de Colombia, sino del mundo.
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