poeta y escritor, trujillense de pura cepa.
Al enfrentarme a una página en blanco, para comentar sobre la película “Gallo de pelea”, la cual, tuve la oportunidad de ver en días anteriores, como primicia en una versión sin post-producción, en el corregimiento de Andinapolis municipio de Trujillo Valle, bajo la dirección del actor, guionista y director de cine Harold DeVasten, mi mente tuvo que realizar un gran ejercicio para saber por dónde empezar, pues esta obra cinematográfica tiene tantas y tantas aristas que me obligan a hacer cualquier comentario, con mucho cuidado y sobre todo porque mis comentarios deben contener la verdad cruda y descarnada de lo que mis ojos vieron.
Confieso que tuve mucha expectativa por lo que iba a ver, pues el cine y la televisión últimamente se ha dedicado a hacer apología al delito y a los mayores delincuentes que han azolado este hermoso país y simplemente me senté en las graderías del coliseo deportivo donde se proyectaba con la asistencia del noventa por ciento de los habitantes que acompañaban la osadía.
Y empezó la película; Lo primero que llamó poderosamente mi atención, fue el hecho de ver actuar a varios de mis paisanos que por cierto jamás han tenido la más mínima experiencia en estas lides, convertidos de la noche a la mañana, en actores y buenos actores.
Una cosa así, solo pudo ser obra de un mago capaz de convertir orugas en mariposas. Por cierto, eso es Harold De Vasten un mago que con pocos recursos económicos y humanos, iba sacando de un sombrero, actores, dinero, ideas, las cuales plasmó en el celuloide más que como un director de cine, como el director de una orquesta sinfónica dirigiendo magistralmente esta bella obra que tituló “Gallo de pelea”; título que tiene un matiz de violencia, algo que mis ojos no querían ver en esta película, pues ella compromete la imagen de nuestro querido Trujillo.
Quedó claro que la belleza del paisaje de Trujillo contribuyó sobre manera para que la película tuviese el resultado visual que tuvo, pues allí no hay que inventar nada, Trujillo está enclavado en un pintoresco paisaje casi único en el mundo, en medio de esas montañas multicolores que tienen la virtud de ser grises en las mañanas, azules cuando el día avanza, verdes al medio día, amarillas o rojizas cuando en las tardes las abraza el sol de los venados, y negras como el pedernal cuando la noche las cubre con su manto de misterio.
Sus paisajes campestres tapizados de flores de mil colores, sus pequeñas poblaciones que dejan ver sus coloridas casitas hechas de bahareque y empañetadas con boñiga de vacas, virtualmente, hechas de mierda recogida en los potreros por la manos más bellas y limpias de Colombia; las manos campesinas, fueron sin duda el gran aporte al Genio de su director.
El protagonista, Gilberto Obando, obviamente hizo alarde de experiencia, interpretando, con un dejo de humildad y de resignación su papel, características propias de los lugareños acostumbrados al sufrimiento. Su papel, para mí resultó magistral por todos los rasgos de su interpretación, para añadir diría que muy pronto se hablará de él en el mundo del cine, si es que hay justicia en medio de tantos y tan mezquinos intereses que este arte mueve.
De su compañero de faenas y coprotagonista, el actor Héctor "Pirueta" Paredes, debo decir sin el ánimo de ofender: Un montañero sin estudio en las artes escénicas, empírico, natural, actuando de esa manera es digno de todo aplauso sin caer en falsas lisonjas, ¡Qué verraco! Me hizo reír y llorar con su interpretación, con sus salidas en falso y su humor, propio de nuestra estirpe, de nuestra cultura que es capaz de sacarle pelos a una calavera y de reír en medio del dolor y la amargura.
Tal vez, esto es lo que nos ha permitido sobrevivir a los más profundos sufrimientos como el de ver caer a muchos de nuestros más queridos amigos, víctimas de la indolencia de los malos de este país. Por honor a la memoria de los caídos, doy mil gracias al director y a los actores, pues, en ningún momento se ofendió su memoria lo cual hubiese sido fatal.
| Héctor "El mono" Mejía" en su memorable rol de "Elías", en una escena crucial de la película. |
“Gallo de pelea” partió la historia de Trujillo en dos, jamás su director, los actores o nosotros como Trujillenses alcanzaremos a tener conciencia de los efectos que pronto se harán sentir en nuestro suelo.
Se mostró a Trujillo como lo que es, un pueblo hermoso, pintoresco, prácticamente una acuarela pintada por el creador del universo; se hizo un retrato de sus gentes como lo que somos, una raza de gente buena, amable, hospitalaria y bondadosa, contrarrestando esa imagen de gente malvada que nada tiene que ver con lo que somos y estamos dispuestos a demostrar.
Seguramente los turistas del mundo querrán conocer nuestra tierra después de que esta película sea estrenada y comercializada, y eso me preocupa, no por el cariño y el respeto que les vamos a brindar a raudales, sino porque hemos sido escasos en construir la infraestructura que se merecen. Pero nosotros como un pueblo grande, lo vamos a remediar para que se sientan como en casa.
Gracias Harold De Vasten por hacer esta bella obra en Trujillo, por confiar en Héctor Fabio Paredes como actor, por confiar en nuestra gente y por la oportunidad que les brindaste arriesgando tu prestigio, para que pudieran demostrar de lo que están hechos; gracias a todo el equipo de producción y al personal que estuvo detrás de cámaras haciendo posible este sueño, pero sobre todo gracias a Gloria Saavedra Castaño, la jefe, líder productora y esposa del director, quien fue capaz de apostar todo su esfuerzo, entrega, recursos intelectuales, morales y económicos, al servicio de este proyecto.
Seguramente pronto los van a olvidar como es común en los seres humanos, pero en mi corazón vivirán por siempre y de Dios recibirán sin límites en Salud, paz y prosperidad.






